Primero: Bebidas azucaradas, como refrescos y zumos envasados. Consumir azúcar antes de dormir provoca un aumento brusco del azúcar en sangre, lo que activa la producción de insulina. Para las personas con diabetes o prediabetes, esto puede provocar fluctuaciones peligrosas en los niveles de glucosa durante la noche, disminución de la calidad del sueño y aumento de la inflamación. Incluso los zumos de frutas naturales contienen mucha azúcar y pueden provocar acidez estomacal por la noche. Con el tiempo, esto puede provocar sobrepeso y trastornos metabólicos. En cambio, es mejor beber agua pura o té de hierbas sin azúcar.
Segundo: Alcohol. Si bien el alcohol puede causar somnolencia, inevitablemente afecta la calidad del sueño, provoca deshidratación y hace que te levantes más a menudo para ir al baño. Además, el alcohol puede causar arritmia, aumentar la presión arterial y empeorar la apnea del sueño. Las personas mayores y los pacientes con enfermedades cardíacas deben evitar el alcohol antes de acostarse, ya que puede provocar fluctuaciones en los niveles de oxígeno en sangre y desestabilizar el ritmo cardíaco.
Tercero: Bebidas con cafeína. La cafeína es un potente estimulante que tarda horas en eliminarse del cuerpo. Incluso si te sientes bien, la cafeína aumenta la frecuencia cardíaca, la ansiedad y los niveles de hormonas del estrés. Cuando se combina con bebidas energéticas, que también contienen azúcar, el efecto se acentúa aún más. Si te apetece algo caliente, elige tés de hierbas descafeinados o simplemente agua tibia.