No levanté la voz.
—Porque ya no es tuya.
—¡Pero ese dinero era para mÃ!
—No —respond×. Era para mi hija.
No para alguien que me dejó sola en una cama de hospital.
Se quedó en silencio.
Por primera vez… no tenÃa nada que decir.
 Y entonces hice algo que nunca imaginó
Vendà la casa grande.
Me mudé a un departamento pequeño, tranquilo, cerca del mar.
Con el dinero que quedaba, abrà una cuenta para mÃ…
y otra para mis nietos, que sà venÃan a verme, incluso cuando no tenÃa nada para darles.
El dÃa que Laura apareció en mi puerta llorando, le dije algo que nunca olvidaré:
—Cuando yo te necesité, dijiste que no tenÃas tiempo.
Ahora yo tengo tiempo…
pero no para lo mismo.
Cerré la puerta con calma.
Y por primera vez en muchos años
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