1. Pérdida de peso inexplicable: Esto ocurre principalmente en la diabetes tipo 1, pero también puede suceder en la diabetes tipo 2 avanzada. Sin suficiente insulina para que la glucosa entre en las células y se convierta en energía, el cuerpo comienza a quemar grasa y músculo como combustible. Esta degradación de los tejidos provoca una pérdida de peso notable, incluso si se viene con normalidad o más de lo habitual. El cuerpo, en esencia, sufre inanición a nivel celular, lo que lo obliga a consumir sus propias reservas.
2. Aumento del hambre (polifagia): A pesar de comer, puede sentir hambre constantemente. Esto se debe a que las células del cuerpo no reciben la glucosa que necesitan para obtener energía debido a la resistencia a la insulina oa la falta de insulina. Esta falta de energía celular desencadena señales de hambre, creando un círculo vicioso en el que se viene más, pero la glucosa sigue sin poder utilizarse de manera adecuada, lo que provoca niveles aún más altos de azúcar en sangre.
3. Infecciones frecuentes: Los niveles altos de azúcar en sangre pueden debilitar el sistema inmunológico, reduciendo la capacidad del cuerpo para combatir bacterias y virus. Esto puede provocar infecciones más frecuentes, como infecciones cutáneas, infecciones del tracto urinario (ITU) y enfermedades periodontales. La hiperglucemia crea un entorno propicio para la proliferación bacteriana y, además, afecta la función de los glóbulos blancos, fundamentales para combatir los patógenos.
4. Heridas o cortes de cicatrización lenta: Los niveles elevados de glucosa dañan los nervios y dificultan la circulación, especialmente en las extremidades, como los pies. Un flujo sanguíneo deficiente impide que los nutrientes y el oxígeno necesarios para la reparación de los tejidos lleguen eficazmente a la herida. Esto, sumado a una respuesta inmune debilitada, ralentiza el proceso de cicatrización, convirtiendo pequeños cortes o llamas en problemas persistentes propensos a la infección.
5. Visión borrosa: Un nivel alto de azúcar en sangre puede provocar aumento del cristalino, lo que altera su forma y capacidad de enfoque, provocando visión borrosa. Este efecto suele ser temporal y puede fluctuar según los niveles de azúcar en sangre. Sin embargo, si no se controla a largo plazo, la hiperglucemia puede dañar los vasos sanguíneos de la retina (retinopatía diabética), lo que conlleva una pérdida permanente de la visión.
6. Hormigueo, dolor o entumecimiento en manos o pies (neuropatía): Esta es una de las complicaciones más comunes. El exceso de azúcar en la sangre es tóxico para las fibras nerviosas, especialmente para los nervios largos que se extienden hasta las manos y los pies. Este daño, conocido como neuropatía diabética, puede interferir con las señales nerviosas, provocando síntomas que van desde hormigueo y ardor hasta entumecimiento total.