Una proteína que se desarrolla sin aumentar el volumen.
Ese pequeño puñado (28 gramos) aporta 7 gramos de proteína vegetal, no como una comida pesada, sino como una infusión suave. Tu sistema digestivo la descompone en aminoácidos que actúan silenciosamente: reparando las fibras musculares después del movimiento, fortaleciendo las defensas inmunitarias y alimentando las enzimas y hormonas que mantienen tu cuerpo en plena forma. Para quienes comen a base de plantas, esto convierte al cacahuete en un humilde héroe: prueba de que una nutrición profunda no requiere productos animales.
El aliado silencioso del corazón:
Los cacahuetes nutren el sistema cardiovascular con grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, las mismas grasas suaves que se encuentran en el aceite de oliva. Consumidos sin exceso de sal ni azúcar, reducen el colesterol LDL (el "malo") a la vez que favorecen los niveles de HDL (el "bueno"). Calman la inflamación de las paredes de los vasos sanguíneos. Y entre sus pliegues se encuentra el resveratrol, un antioxidante que ayuda a que los vasos sanguíneos se relajen y fluyan con facilidad, como un suspiro silencioso después de la tensión.
