Esto ocurre porque las señales nerviosas del corazón se confunden con otras zonas del cuerpo, especialmente en las mujeres.
Qué hacer:
Presta atención si el dolor aparece sin causa (por ejemplo, sin haber hecho esfuerzo físico).
Si va y viene, y especialmente si se combina con sudoración o náuseas, puede ser una advertencia temprana.
Dificultad para dormir o ansiedad repentina
Antes de un ataque cardíaco, muchas personas relatan haber sentido una ansiedad o inquietud inusual, incluso sin motivos aparentes.
Algunas tienen insomnio, despiertan varias veces por la noche jadeando o con sensación de opresión en el pecho.
Esto ocurre porque el corazón está bajo estrés y el sistema nervioso reacciona intentando compensar el desequilibrio.
Qué hacer:
Si no puedes dormir bien por varias noches y sientes palpitaciones o falta de aire, no lo ignores. Puede ser una señal precoz de insuficiencia cardíaca o preinfarto.
Indigestión o molestias estomacales
Un infarto no siempre se manifiesta con dolor torácico; en muchos casos comienza con síntomas digestivos.
Puede sentirse como acidez, presión abdominal, gases o dolor en la parte superior del estómago.
Esto es especialmente común en personas mayores y mujeres, lo que lleva a confundirlo con un simple malestar digestivo.
Qué hacer:
Si notas una “acidez” que sube al pecho, sensación de llenura extrema o náuseas que no desaparecen, consulta a un médico inmediatamente.
Cómo prevenir un ataque cardíaco
La prevención siempre es el mejor tratamiento.
Según la Organización Mundial de la Salud, más del 80 % de los infartos podrían evitarse adoptando hábitos saludables.
Recomendaciones principales:
Controla tu presión arterial y niveles de colesterol.
No fumes ni abuses del alcohol.
Mantén una dieta rica en frutas, verduras y grasas saludables (aceite de oliva, pescado, aguacate).
Realiza al menos 30 minutos diarios de actividad física.
Aprende a manejar el estrés y duerme lo suficiente.