El muchacho bajó la mirada. No sabía si contarle todo. Pero lo hizo.
—Mis papás nunca me dijeron que no. ![]()
Desde que era niño, me daban todo lo que pedía. Si quería un juguete, lo tenía. Si no quería hacer la tarea, me defendían con los maestros. Si rompía algo, lo justificaban. Nunca hubo consecuencias. Nunca hubo límites. ![]()
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Me burlaba de la autoridad, mentía, faltaba al respeto… y en lugar de corregirme, mis papás decían: "Así son los niños, ya se le pasará." ![]()
Un día robé una pluma en la tienda. Lo vieron… y me defendieron. ![]()
Después robé una bicicleta. Y dijeron que no era para tanto. ![]()
Y luego fue un celular. Una cartera. Una moto. ![]()
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Y aquí estoy… por un asalto. ![]()
—¿Y tus papás? —preguntó el viejo.
—Ellos todavía dicen que fue mala suerte. Que me junté con malas compañías. Que la sociedad está mal. ![]()
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