El pronóstico del evento está bastante consolidado. Prácticamente no hay dudas: de los tres posibles escenarios —El Niño, neutro o La Niña—, prácticamente el 100% se lo lleva el pronóstico hacia un evento El Niño.
Lo que hoy está en discusión es la intensidad del fenómeno, qué intensidad puede llegar a alcanzar. Hay algunos modelos que están indicando que la posibilidad de la intensidad sea muy fuerte, hay otros que están marcando que va a ser fuerte y otros que están marcando que va a ser un evento moderado. Eso está bastante bien dividido en cuanto a los diferentes modelos, podríamos decir que hay prácticamente un 33% de probabilidades para cada uno de los escenarios. El tema es que la situación fuerte o muy fuerte se lo está llevando alrededor del 60%, el 66% de los pronósticos, con lo cual lo que estamos apuntando es que fundamentalmente es probable que sea un evento El Niño de consideración.
— ¿Por qué es tan difícil predecir hoy si el Niño va a ser fuerte o no? ¿Cuándo los modelos van a tener más certeza?
Hay dos cuestiones que son importantes. Una es lo que se llama la barrera de la primavera, que para nosotros es el otoño, para el hemisferio norte es la primavera, que es un periodo en el cual se empiezan a establecer ciertos patrones de circulación, que empiezan a tener ciertas características y se empiezan a afianzar una vez finalizado ese periodo. Con respecto a los meses, en realidad es a partir de ahora, del mes de mayo, en los cuales ya esa barrera de incertidumbre se empieza a disipar y empezamos a tener pronósticos más concretos.
Y la otra es la lejanía. Siempre que estamos hablando de un periodo prolongado de tiempo, la incertidumbre crece. Y en este caso estamos hablando de que las proyecciones para el evento Niño que podría llegar a alcanzar intensidades importantes sería para prácticamente fin de año, noviembre, diciembre, con lo cual la lejanía temporal también es otro factor que aumenta la incertidumbre.
Entonces son variaciones muy pequeñas: recordemos que para pasar de un evento El Niño fuerte a muy fuerte, estamos hablando de décimas de grado. No es una diferencia extremadamente significativa, con lo cual lo que están apuntando los modelos son, insisto, a décimas de grado. Es un pronóstico que comúnmente se consolida de manera bastante rápida, salvo cuando hablamos de algo que está lejano en el tiempo como explicamos recién.

— ¿Qué regiones de Latinoamérica estás mirando con más atención de cara al segundo semestre, y qué variables más allá de las lluvias están en juego?
En general es todo el sudeste de Sudamérica, es decir, toda la porción del litoral en Argentina, provincia de Buenos Aires, parte del NEA, Uruguay, Paraguay, Brasil, sobre todo el sudeste de Brasil, que son los sectores que siempre tienen mayor influencia, es decir, una mayor correlación con los diferentes tipos de eventos y sus intensidades. Los eventos del Niño lo que generan es un aumento sustancial de las lluvias en esa región.
Pero este tipo de impacto no es para todos los lugares de la misma manera. Por ejemplo, si nos vamos al otro lado del hemisferio sur, nos vamos a Australia, se da una situación opuesta: el evento del Niño le genera sequías y el evento de La Niña le genera lluvias por encima de los promedios, con lo cual hay una situación de mucha variabilidad dependiendo la región del mundo que estemos observando.
También hay influencia en las temperaturas, en los riesgos de heladas, en la frecuencia de las heladas, las ventanas de heladas. Por ahí lo simplificamos a lluvias, pero en realidad muchas variables están implícitas en el evento del Niño.