“El Niño 2026 está consolidado. Y más de la mitad de los pronósticos señalan que será fuerte”

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— El Niño costero ya está activo en Perú y Ecuador con impactos serios. ¿Es un anticipo de lo que puede venir, o es un fenómeno separado?

El Niño costero en las zonas de Perú y Ecuador ya está activo, ya está bien vigente, está teniendo unas temperaturas realmente significativas, pero no siempre es condición que sí o sí nos genera una consecuencia en el Niño no costero, digamos, en la zona del Pacífico Central.

Hemos tenido años en los cuales el Niño costero ha sido muy importante y no ha repercutido en situaciones del famoso Niño 3.4, y también se ha dado la inversa: que un Niño costero no demasiado significativo fue igualmente un año Niño importante. Con lo cual no es un parámetro que sea predictor. El tema del Niño costero no es un muy buen predictor; sí a veces da ciertas señales, pero no garantiza que tener un Niño costero fuerte genere un evento El Niño fuerte a nivel global.

— Hay investigadores que plantean que el cambio climático está alterando cómo impacta El Niño, no porque el fenómeno sea más fuerte, sino porque la temperatura de base ya subió. ¿Cómo lo ves?

El Niño y La Niña analizan la anomalía de temperatura del Pacífico Central. ¿Qué quiere decir esto? Que lo que tiene en cuenta El Niño es qué tan cálido o qué tan frío está el Pacífico Central respecto de los valores promedio. La gran pregunta es: ¿qué vamos a tomar como valor promedio? Una cosa es tomar un valor promedio de los últimos 10 años, de los últimos 30 años o de los últimos 100 años como promedio histórico.

Si nosotros comparamos las temperaturas de comienzo del siglo pasado, las temperaturas del océano promedio eran diferentes a los valores promedio que tenemos hoy en día. El famoso tema del cambio climático, el aumento en las temperaturas a nivel global, ha generado que hoy el promedio de temperatura del océano Pacífico esté un escalón por encima.

Entonces, hoy en día cuando hablamos de un evento El Niño, estamos haciendo referencia a tener una temperatura más cálida que los promedios actuales, con lo cual en términos de temperatura real medible, son temperaturas que son mucho más altas que las que teníamos cuando hablábamos de un Niño a principios del siglo pasado. Si la temperatura real está 3 o 4 grados más de lo que teníamos a principio del siglo pasado, entonces hoy un evento El Niño tiene que estar medio grado por encima de eso. Ahí es donde empiezan a aparecer algunas circunstancias en las cuales uno dice: el evento El Niño actual tiene mayor temperatura real, aunque la anomalía sea prácticamente la misma. Eso es lo que está hoy en día en tela de juicio para ver cómo son los impactos.

— Para cerrar: ¿qué mensaje le darías a productores agropecuarios y comunidades que ya están mirando con preocupación lo que viene?

Lo que se puede decir es que este tipo de eventos hay que monitorearlos, hay que seguir de cerca los pronósticos, hay que ver las evoluciones y fundamentalmente ver cuáles son los impactos más probables de exceso de lluvia o de sequías prolongadas. Hay que ir mirando bien, estudiando el comportamiento típico y cuánto se puede alejar de ese comportamiento típico para estar preparado.

Uno siempre lo que apunta cuando hace un pronóstico meteorológico es poder prepararse con anticipación. Eso es lo que uno busca, no busca ni asustar ni alarmar ni generar pánico ni nada por el estilo, simplemente tratar de encontrar una situación en la cual haya un escenario de cuál es el riesgo y frente a ese riesgo tratar de prevenir cualquier tipo de situación adversa hacia la sociedad.

El mensaje final sería ese: monitoreo constante de los pronósticos a nivel global y después analizar impactos posibles a nivel regional. Con eso es como vamos a ir generando una adaptabilidad a los cambios bruscos del clima que estamos teniendo.

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