Nunca permanecía demasiado tiempo. Después de conversar unos minutos, se levantaba con la misma discreción con la que había llegado y desaparecía sin despedidas formales. Sin embargo, cada visita dejaba detrás una sensación de paz que permanecía hasta la mañana siguiente.
Finalmente recibí el alta médica. Recuperar la libertad de volver a casa fue una enorme alegría, pero antes de abandonar el hospital sentí la necesidad de averiguar quién era aquella persona que me había acompañado durante tantos días. Quería agradecerle personalmente por el tiempo que había dedicado a permanecer a mi lado cuando más lo necesitaba.
Al preguntar a las enfermeras, la respuesta me tomó completamente por sorpresa. Ninguna recordaba a una joven con las características que describía. Revisaron los registros de visitas y aseguraron que durante los turnos nocturnos no figuraba ninguna persona ingresando a mi habitación.
El personal también comentó que ninguna trabajadora del hospital coincidía con la descripción que ofrecía. Algunas profesionales, con mucho respeto, sugirieron que quizás mi percepción había estado influenciada por el cansancio, el aislamiento o incluso por determinados medicamentos utilizados durante el tratamiento. Era una explicación razonable, aunque no lograba convencerme por completo.
Con el paso de las semanas intenté dejar atrás aquella experiencia y concentrarme en recuperar mi rutina. Poco a poco retomé mis actividades habituales y pensé que el episodio terminaría convirtiéndose simplemente en un recuerdo extraño asociado a los días de hospitalización.
Sin embargo, aproximadamente un mes y medio después ocurrió algo que volvió a despertar todas aquellas preguntas.
Mientras ordenaba viejas cajas con documentos familiares encontré un sobre lleno de fotografías antiguas que no revisaba desde hacía muchos años. Entre esas imágenes apareció el retrato de una mujer joven cuya expresión me resultó inmediatamente familiar.
Observé detenidamente la fotografía durante varios minutos. Había algo en su rostro, en su mirada y en la serenidad que transmitía que me llevó de inmediato a recordar aquellas noches en el hospital. La similitud con la visitante que me había acompañado era sorprendente.