Cuando se viaja desde América hacia Europa, el reloj juega en contra del pasajero. Debido a los husos horarios, se “pierden” varias horas durante el trayecto.
Por eso la noche se convierte en una ventaja comercial. El pasajero duerme durante el vuelo y llega listo para comenzar el día.
En cambio, al volar desde Europa hacia América ocurre lo contrario. El horario favorece los vuelos diurnos porque el avión “gana tiempo” viajando hacia el oeste.
Un vuelo que sale de Londres por la tarde puede aterrizar en Nueva York aún con varias horas de luz disponibles.
Los vientos también ayudan a ahorrar millones
Sobre el Atlántico existen corrientes de viento extremadamente poderosas conocidas como Jet Stream. Estos vientos pueden superar los 150 o incluso 200 kilómetros por hora y muchas veces empujan a los aviones que viajan hacia Europa.
Eso reduce tiempo de vuelo, consumo de combustible y costos operativos.
En trayectos largos, pequeñas diferencias representan enormes ahorros. El combustible es uno de los gastos más grandes de cualquier aerolínea y puede representar cerca del 30% de los costos operativos.
Por eso las compañías planifican cuidadosamente rutas, altitudes y trayectorias para aprovechar cada ventaja climática posible.
Las“autopistas invisibles” del Atlántico
Los vuelos transatlánticos no vuelan al azar sobre el océano. Existen rutas organizadas llamadas NAT Tracks, una especie de autopistas aéreas invisibles que cambian diariamente según el clima y los vientos.
Cada noche, decenas de aeronaves ingresan coordinadamente a estas rutas para cruzar el Atlántico de manera eficiente y segura.
Es una verdadera coreografía aérea internacional donde participan aerolíneas de todo el mundo utilizando aviones como el Boeing 787, Boeing 777, Airbus A330 o Airbus A350.
Europa necesita esas llegadas matutinas