Muchas veces el problema no aparece de un día para otro. Suele ser el resultado de años de desgaste. Exceso de sal, alimentación basada en productos ultraprocesados, refrescos todos los días, poca agua, presión arterial elevada, diabetes mal controlada, infecciones urinarias repetidas o enfermedades que afectan directamente al riñón pueden participar en este proceso.
Lo complicado es que al principio muchas personas no sienten nada. Siguen trabajando, caminando y haciendo su vida normal mientras el daño avanza lentamente. Por eso tanta gente se sorprende cuando un estudio revela algo que llevaba tiempo ocurriendo sin dar señales evidentes.
Conforme el problema progresa pueden aparecer hinchazón en piernas, tobillos o pies, espuma persistente en la orina, cambios en la cantidad de orina, cansancio frecuente o sensación de que el cuerpo ya no responde igual que antes. Son avisos que merecen atención y no deberían verse como algo normal.
¿Qué sí puede ayudar?
Lo primero es cuidar aquello que sigue dañando al riñón. Tomar suficiente agua simple, reducir el exceso de sal, disminuir refrescos y alimentos ultraprocesados, controlar la presión arterial y la diabetes cuando existen, y seguir las indicaciones médicas son medidas que pueden marcar una diferencia importante.
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