La gota es uno de esos problemas que toman a muchas personas por sorpresa. Te acuestas sintiéndote normal y horas después despiertas con una articulación que parece otra. Está caliente, roja, inflamada y duele tanto que hasta el roce de una sábana resulta insoportable. Hay quienes creen que se golpearon dormidos, que pisaron mal o que se trata de un simple dolor pasajero. Pero cuando una articulación cambia de esa manera tan repentina, la causa puede estar ocurriendo mucho más profundo de lo que parece.
Lo que sucede dentro del cuerpo es que empieza a acumularse una sustancia llamada ácido úrico. Todos producimos ácido úrico de forma natural, porque el organismo lo genera al procesar ciertas sustancias presentes en nuestros tejidos y en muchos alimentos. El problema aparece cuando se produce demasiado o cuando los riñones no logran eliminarlo con la eficiencia necesaria. Entonces el ácido úrico comienza a aumentar en la sangre hasta que llega un momento en que puede formar pequeños cristales.
Esos cristales son los verdaderos responsables del dolor. No son visibles a simple vista, pero cuando se depositan dentro de una articulación, el sistema de defensa del cuerpo los detecta como algo que no debería estar ahí. En respuesta, libera sustancias inflamatorias que provocan hinchazón, calor, enrojecimiento y un dolor que muchas personas describen como uno de los más intensos que han sentido en su vida.
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