En el rancho, todo tiene un uso.
Cuando terminaba la lumbre del fogón o del comal, quedaban las brasas apagadas y, entre ellas, la ceniza. ![]()
Para muchos hoy no es más que desperdicio, pero en la vida rural de antes, la ceniza era un tesoro que servía para curar, limpiar, cocinar, proteger las cosechas y hasta para el cuidado de los animales.
Nuestras abuelas sabían que la ceniza de leña guardaba minerales como potasio, calcio, magnesio y carbonatos, que no solo ayudaban en la limpieza, sino que también tenían propiedades para el cuerpo y la tierra.
Era un conocimiento heredado, transmitido de generación en generación, y que hoy, en muchos pueblos, todavía sigue vivo. ![]()
Para curar heridas y picaduras
Cuando alguien se cortaba en el campo y no había botiquín cerca, se recurría a la ceniza limpia y fresca del fogón.
Se espolvoreaba directamente sobre la herida, y esto ayudaba a detener el sangrado y a proteger contra infecciones. ![]()
La ceniza actuaba como una barrera natural que secaba la sangre más rápido y evitaba que entrara suciedad o bacterias.
En casos de picadura de abeja o avispa, se mezclaba con un poquito de agua para hacer una pasta y calmar el ardor. ![]()
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