Las semillas de calabaza también contienen antioxidantes, sustancias naturales que ayudan a proteger las células frente al daño causado por moléculas inestables conocidas como radicales libres. Una alimentación rica en antioxidantes se asocia con una mejor salud general.
Muchas personas las consumen como colación entre comidas, agregadas a ensaladas, mezcladas con avena, yogur o incluso molidas para incorporarlas a licuados y otras preparaciones. Su sabor suave permite combinarlas con alimentos dulces o salados.
Si se compran naturales, algunas personas prefieren tostarlas ligeramente en un sartén sin aceite durante unos minutos. El calor ayuda a intensificar su aroma y a darles una textura más crujiente. Sin embargo, es importante evitar quemarlas, ya que el exceso de calor puede alterar parte de sus grasas y afectar su sabor.
Aunque son nutritivas, también aportan calorías, por lo que se recomienda consumirlas con moderación y como parte de una alimentación variada.
A veces, los alimentos más pequeños son los que concentran una mayor cantidad de nutrientes. Y las semillas de calabaza son un buen ejemplo de ello: sencillas, versátiles y con propiedades que las han mantenido presentes en la alimentación de muchas generaciones.
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