Los que quedamos, sentimos que el mundo se nos derrumba, nos sentimos desamparados, pero el amor que nos une a una madre maravillosa es más fuerte y nos sostiene. El amor le gana a ese dolor y la paz de haberla amado infinitamente, aquieta el alma y el espíritu.
Las mamás son y serán eternas en nuestra vida, en nuestro corazón y en nuestros pensamientos. Lo vivido y los recuerdos son el consuelo de quienes nos sentimos abrumados por la despedida inesperada de quien nos dio la vida y mucho más.