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El repollo, también conocido como col, es una de esas verduras que han acompañado la cocina tradicional durante siglos. Lo encontramos en sopas, ensaladas, guisos, fermentados y hasta jugos verdes. Es económico, fácil de conseguir y lleno de nutrientes. Pero, aunque parece un alimento completamente inofensivo, hay algo que muchas personas no saben: su consumo excesivo podría interferir con el funcionamiento de la glándula tiroides, especialmente si ya existe algún problema en ella.

Y es que, como suele pasar con muchos alimentos saludables, todo depende del equilibrio. Lo que en pequeñas cantidades puede ser beneficioso, en exceso podría volverse contraproducente. Por eso, si estás cuidando tu tiroides o te preocupa su salud, es importante entender bien cómo el repollo puede influir en su funcionamiento y cómo puedes consumirlo sin correr riesgos.

Primero, vale la pena recordar qué papel juega la tiroides en nuestro cuerpo. Esta pequeña glándula en forma de mariposa, ubicada en la base del cuello, tiene una función enorme: regula el metabolismo, controla la temperatura corporal, influye en el ritmo cardíaco, en el peso e incluso en el estado de ánimo. Cuando la tiroides no funciona bien, todo el organismo lo siente.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver el repollo con todo esto? La respuesta está en unas sustancias llamadas goitrógenos, presentes en ciertos vegetales de la familia de las crucíferas, como el repollo, el brócoli, la coliflor, las coles de Bruselas y la mostaza. Estas sustancias, cuando se consumen en grandes cantidades y sobre todo crudas, pueden interferir con la absorción de yodo, un mineral esencial para que la tiroides produzca sus hormonas.

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