Otro punto importante es la cantidad. Comer repollo ocasionalmente, incluso crudo, en una ensalada o jugo verde, no representará un problema serio para la tiroides de una persona sana. El problema aparece cuando se convierte en una parte diaria y constante de la dieta, especialmente en quienes ya tienen antecedentes de hipotiroidismo o antecedentes familiares de enfermedad tiroidea.
Hay algo curioso que muchos desconocen: el efecto de los goitrógenos varía según la persona. Algunas personas pueden comer repollo crudo con frecuencia y no presentar ningún cambio en su tiroides, mientras que otras, más sensibles o con una predisposición genética, pueden experimentar alteraciones con menor cantidad. Por eso, escuchar a tu cuerpo y consultar con un endocrinólogo siempre será la mejor decisión.
También conviene recordar que el repollo no es el único vegetal con goitrógenos. El brócoli, la col rizada (kale), la coliflor y la soya también los contienen. Sin embargo, igual que con el repollo, el problema aparece solo con un consumo excesivo o en personas con deficiencia de yodo.
Además, el repollo tiene un papel positivo en otros aspectos de la salud. Por ejemplo, ayuda a reducir la inflamación intestinal, mejora la digestión gracias a su alto contenido de fibra y puede contribuir a mantener niveles saludables de colesterol. También se ha estudiado su posible efecto protector contra ciertos tipos de cáncer debido a sus antioxidantes naturales, especialmente los llamados glucosinolatos.