"No te preocupes, yo te ayudo.... Ver más

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—Entonces no terminamos porque todavía no lo comprendo.

Alejandro señaló mi motocicleta.

—Me dijiste que trabajas haciendo entregas.

—Sí.

—Yo tengo una empresa de distribución.

No sabía qué responder.

—Medicamentos, equipos médicos y productos para clínicas —continuó—. Tenemos una flota de vehículos y conductores.

Mi trabajo también estaba relacionado con medicamentos.

—Estoy buscando un supervisor de rutas.

Me reí.

Creí que estaba bromeando.

No lo estaba.

—Señor Alejandro, yo apenas terminé la secundaria.

—¿Sabes organizar rutas?

—Todos los días.

—¿Tratas con clientes?

—Sí.

—¿Sabes resolver problemas cuando una entrega falla?

—Sí.

—¿Llegas temprano?

Miró la hora.

Yo había llegado veinte minutos antes.

—Normalmente.

Sonrió.

—¿Y cuando cometes un error?

Miré la puerta rayada.

—Parece que dejo mi número.

Alejandro se rio.

—Eso me interesa más que muchos títulos.

Me entregó una tarjeta.

—No te estoy regalando un trabajo.

—Entiendo.

—Te estoy dando una entrevista.

Miré la tarjeta.

—¿Por qué?

—Porque llevo años contratando personas. Puedo enseñar a alguien a usar un sistema. Puedo enseñarle rutas. Puedo enseñarle procedimientos. Lo difícil es enseñar honestidad cuando nadie está mirando.

Guardé la tarjeta.

Todavía desconfiaba.

—¿Y el carro?

—Déjalo en paz, Javier.

—Pero…

—Considera que ya pagaste.

—¿Con qué?

Levantó mi nota.

—Con esto.

Cuando llegué a casa Daniela pensó que estaba bromeando.

—¿No tienes que pagar nada?

—Nada.

—¿Y te ofreció trabajo?

—Una entrevista.

—Eso no tiene sentido.

—Eso mismo dije.

Fui a la entrevista dos días después.

No esperaba obtener el puesto.

Había candidatos con más estudios.

Más experiencia administrativa.

Me entrevistaron tres personas, no solamente Alejandro.

Me hicieron preguntas sobre logística.

Clientes.

Rutas.

Manejo de conflictos.

Les conté lo que sabía.

También lo que no.

Una semana después recibí la llamada.

Había conseguido el empleo.

El salario era casi el doble de lo que ganaba como repartidor.

Además tenía seguro médico para mi familia.

Pensé que era un error.

Llamé a Alejandro.

—¿Usted intervino?

—Di una referencia.

—¿Dijo lo del carro?

—Por supuesto.

—Entonces sí intervino.

—Javier, yo hice que te entrevistaran. Tú respondiste las preguntas.

Acepté.

Los primeros meses fueron difíciles.

Tuve que aprender sistemas.

Hojas de cálculo.

Inventarios.

Administración de conductores.

Me equivocaba.

Preguntaba.

Estudiaba de noche.

Alejandro nunca me trató como una obra de caridad.

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